Joven con la cabeza de Orfeo en brazos
Gustave Moreau
Cuando Moreau pintó Joven con la
cabeza de Orfeo en brazos le faltaba poco para cumplir cuarenta años y ya había
alcanzado la plenitud de su arte. El cuadro (al igual que su creador) fue
juzgado extravagante y tuvieron que
transcurrir casi dos décadas para que el gusto cultural de la época le fuera a la
zaga. La oportunidad vino de manos de un nuevo grupo de jóvenes pintores
simbolistas que incluía a Emile Bernard, Odilon Redon y Ker-Xavier Roussel.
Este cuadro es característico del
periodo central de Moreau: la traslación exótica y con todo lujo de detalles de
una imagen que apela a misteriosas prácticas paganas y a un erotismo
ritualizado. La historia de Orfeo es harto conocida. Una serpiente venenosa
muerde a la ninfa Eurídice, esposa de Orfeo (poeta, músico de Tracia e hijo de
Apolo), y esta muere. Orfeo, desconsolado, emprende un viaje para recuperar a
su amada del seno del mundo subterráneo. Hechiza a Perséfone con su música y
esta accede a liberar a Eurídice, siempre y cuando Orfeo resista la tentación
de mirarla hasta que la ninfa haya regresado a la Tierra. Sin embargo, Orfeo no
acierta a cumplir esta condición y sobreviene el desastre. Eurídice se ve
obligada a regresar al mundo subterráneo. Molestas por el decidido amor que
Orfeo siente por Eurídice, un grupo de Ménades lo descuartiza y lanza su cabeza
y su lira al rio Hebro. Esta es la historia que precede al discutido episodio
que pintó Moreau. Según esta versión, la cabeza y la lira de Orfeo fueron
arrastradas por la corriente hasta la isla de Lesbos. La pintura muestra a una
joven que, con gran respeto, recupera la cabeza cortada y la lira de Orfeo.
Moreau contra el impresionismo
Moreau era un encarnizado
defensor de un retorno a lo mistico en la pintura. Es famosa su frase: “Solo
creo en lo que no veo y únicamente en lo que siento”. Hacer tal afirmación en
un momento en que el impresionismo empezaba a difundirse implica que el artista
tenía una concepción radicalmente distinta no solo de la naturaleza del arte,
sino también de su propósito cultural. Por encima de todo, la nueva obra de
arte simbolista tenía que enriquecer culturalmente. Al margen del interés que mostró por los pintores del Alto Renacimiento o Cinquecento (Leonardo da Vinci
en particular), Moreau se sintió fascinado por el arte indio y el arte chino.
En lugar de postular la disolución del detalle decorativo, que constituía el
grueso del lenguaje reduccionista del impresionismo, Moreau quiso retomar una
clase de pintura que “evocara el pensamiento a través de la línea, el arabesco
y todos los recursos ornamentales que las artes plásticas tienen a su
disposición”.
Tomado de : Thompson, Jon (2007) Cómo leer la pintura moderna. Entender y disfrutar los maestros modernos, de courbet a Warhol. Barcelona:Electa.

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